PABLO OZO
La Tierra sin Nombre
Presentado en colaboración con MUDRÁ
Comisariado por Colección Aldebarán
Pablo Ozo presenta en MUDRÁ La Tierra sin Nombre, una exposición individual comisariada por Colección Aldebarán.
La muestra reúne una selección de obras recientes donde el artista amplía su universo pictórico: escenas habitadas por figuras elegantes y vulnerables, atrapadas entre la ceremonia y el instinto. Con un trazo enérgico y fragmentado, la exposición propone un diálogo entre lo emocional y lo orgánico — entre la energía vital que habita en los cuerpos y la naturaleza esencial que nos sostiene.
Photo by Vicente A. de Haro
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Un encuentro nocturno donde la elegancia se desmorona en instinto y ceremonia, bajo el influjo del deseo. Año: 2025 Dimensiones: 146 x 130 cm Técnica y soporte: óleo, carboncillo y pastel sobre lienzo Precio: 5.200€
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Una coreografía de ocio y exceso, suspendida entre la jovialidad y la silenciosa vanidad. Año: 2025 Dimensiones: 140 x 120 cm Técnica y soporte: óleo, carboncillo y pastel sobre lienzo Precio: 4.600€
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Dos mundos chocan en una misma escena, donde la curiosidad y el decoro pierden sus límites. Año: 2025 Dimensiones: 80 x 80 cm Técnica y soporte: óleo, carboncillo y pastel sobre lienzo Precio: 2.700€
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La novia aguarda sentada mientras la pasión y el delirio se desatan tras ella. Año: 2025 Dimensiones: 80 x 60 cm Técnica y soporte: óleo, carboncillo y pastel sobre lienzo Precio: 2.300€
Biografía
Nacido en el año 2000 en Galicia.
Reside y trabaja en Madrid, España.
Pablo Ozo es un artista visual cuya obra construye un universo propio habitado por una alta sociedad imaginaria. A través del retrato emocional, explora la teatralidad, el deseo y la fragilidad del gesto, en escenas que parecen surgir del subconsciente más que de la observación.
Desde su infancia en Galicia, el dibujo ha sido una necesidad vital. Formado entre Berlín y Madrid, combina óleo, acrílico y pastel sobre lienzo o papel artesanal, manteniendo un trazo físico, inmediato y expresivo.
Su trabajo forma parte de colecciones privadas en Europa, Asia y América. Vive y trabaja en Madrid junto a la comisaria Cristina Alonso, quien representa su obra en Asia.
Statement del artista
La obra de Pablo Ozo explora la tensión entre el control y el instinto a través de un lenguaje pictórico fragmentado.
El deseo de perdurar en el tiempo es parte de la naturaleza humana. Usamos relojes para medirlo, archivamos recuerdos, organizamos nuestras vidas en torno a él. El arte, en cierto modo, responde a esa necesidad: captura emociones, gestos y escenas interiores que, de otro modo, se disolverían.
Pablo Ozo parte de esa premisa, no para fijar lo inestable, sino para retenerlo. Su pintura se articula desde el retrato, pero no representa: estudia. Las figuras —casi siempre femeninas— aparecen fragmentadas, duplicadas, desplazadas. No se ofrecen al espectador; parecen suspendidas en un instante que les pertenece solo a ellas.
En los últimos años, Ozo ha construido una alta sociedad imaginaria: un mundo paralelo regido por códigos tan refinados como absurdos. Las escenas revelan gestos desmesurados y emociones llevadas al límite, como si estos personajes —por muy elegantes que sean— no pudieran resistirse a su instinto.
Su trazo es directo, físico, inmediato. No oculta errores: los convierte en lenguaje. La belleza —si aparece— lo hace sin solemnidad; es imperfecta, provisional, desordenada.
La pintura de Ozo recoge ecos del cubismo, la modernidad europea y el lenguaje gráfico contemporáneo. No los cita, los reordena. Sus figuras oscilan entre lo clásico y lo distorsionado, lo íntimo y lo teatral, lo sensual y lo irónico.
Símbolos personales —como las orejas de conejo— emergen de forma orgánica, abriendo capas interpretativas sin cerrar el significado.



