Biografía
Nacido en el año 2000 en Galicia.
Reside y trabaja en Madrid, España.
La pintura de Pablo Ozo se pregunta quiénes seríamos si nos permitiéramos existir en libertad. Su obra desarrolla una especie inventada por él, figuras de ojos grandes y manos desproporcionadas, gobernadas por el instinto, que habita todos sus cuadros como una sola comunidad en expansión: un universo que crece obra a obra.
Autodidacta, trabaja en óleo y carboncillo, a menudo a gran escala, construyendo la imagen en capas que dejan el proceso visible en la superficie terminada. Su lenguaje sostiene una tensión deliberada entre el refinamiento y el instinto.
En junio de 2026 presentó States of Alignment en Bangkok, su exposición individual en Asia, copresentada con la Familia Phornprapha, a la que siguió una presentación en MixC Gallery, Shenzhen.
Su obra se ha expuesto en Londres, París, Berlín y Madrid, forma parte de colecciones privadas de Europa, Asia y América, y mantiene colaboraciones sostenidas con Four Seasons. Actualmente expande su práctica hacia la escultura junto a uno de los grandes talleres escultóricos de Europa.
Photo by Daniella Testa
Statement
El deseo de perdurar en el tiempo es parte de la naturaleza humana. Usamos relojes para medirlo, archivamos recuerdos, organizamos nuestras vidas en torno a él. El arte, en cierto modo, responde a esa necesidad: captura emociones, gestos y escenas interiores que, de otro modo, se disolverían.
Pablo Ozo parte de esa premisa, no para fijar lo inestable, sino para retenerlo. Su pintura se articula desde el retrato, pero no representa: estudia. Las figuras —casi siempre femeninas— aparecen fragmentadas, duplicadas, desplazadas. No se ofrecen al espectador; parecen suspendidas en un instante que les pertenece solo a ellas.
En los últimos años, Ozo ha construido una alta sociedad imaginaria: un mundo paralelo regido por códigos tan refinados como absurdos.
Las escenas revelan gestos desmesurados y emociones llevadas al límite, como si estos personajes —por muy elegantes que sean— no pudieran resistirse a su instinto.
Su trazo es directo, físico, inmediato. No oculta errores: los convierte en lenguaje. La belleza —si aparece— lo hace sin solemnidad; es imperfecta, provisional, desordenada.
La pintura de Ozo recoge ecos del cubismo, la modernidad europea y el lenguaje gráfico contemporáneo. No los cita, los reordena. Sus figuras oscilan entre lo clásico y lo distorsionado, lo íntimo y lo teatral, lo sensual y lo irónico.
Símbolos personales —como las orejas de conejo— emergen de forma orgánica, abriendo capas interpretativas sin cerrar el significado.
Texto por Paula Tomasini Collado.
Colecciones y colaboraciones
Las obras de Ozo forman parte de colecciones privadas en Europa, Asia y Estados Unidos, junto a piezas de destacados artistas contemporáneos.
Ozo comenzó a compartir su obra públicamente durante la pandemia. Desde entonces, su trayectoria ha evolucionado de manera orgánica a través de la autogestión y una coherencia conceptual sostenida. Su trabajo ha aparecido en medios como Forbes, El Español, Vanidad, Metal, Culturamas, Plataforma PAC, 20 Minutos, The Artichoc y la Televisión de Galicia.